Pintura

Efraín Recinos

Su padre fue hombre de grandes ideas; muy avanzadas para su época, de origen humilde, pero muy habilidoso, soñador e idealista, guardaba todo lo que hacía su “Quiquito”. No lo envió a la escuela a temprana edad, porque creía que los otros niños lo podían mal influenciar. Debido a su trabajo, la familia se mudó en muchas ocasiones, ello permitió que los grandes amigos de Efraín, fueran los lápices y, en mejores tiempos, los crayones.

Así, Efraín hijo, a sus escasos 5 años se inició en el arte cuando dibujaba terribles monstruos, guerras, soldados y grandes batallas. Con los años las figuras se convirtieron en hermosas damas, retratos y héroes. Su dibujo fue autodidacta, lleno de detalles y colores, aplicaba con gran dominio y sentido común el libre uso de la perspectiva sus trazos estuvieron siempre alejados de la influencia de su padre.

Aprendió a leer y escribir con gran soltura a sus 7 años de edad. La marimba, el violín y la mandolina fueron instrumentos que sus manos empezaron a acariciar en el seno de su hogar junto a sus hermanas Clemencia y Ana María y su padre.

A sus 9 años de edad empieza a hacer pequeños paisajes al óleo. Luego a sus 13 años, superó en edad a sus compañeros de cuarto grado de primaria en la Escuela Costa Rica, de Quetzaltenango. Y dado que había leído el Don Quijote de la Mancha dos veces, en sus juegos utilizaba el cervantino, por lo cual fue tildado de loco.

Su padre lo inscribió en la Escuela Nacional de Artes Plásticas de Guatemala para que estudiara dibujo y escultura. Contrario a su experiencia en la escuela, aquí él fue el menor de sus compañeros, todos adultos, por lo que recibió siempre duras críticas por parte de sus maestros, quienes le gritaban y destruían su labor. Lo cual le provocaba mucha frustración.

Siendo adolescente, entre 1946 y 1950, hizo retratos de las jóvenes de las que estuvo enamorado, su declaración de amor era hacer el retrato y entregarlo a la dama de sus sueños, pero era ahí cuando desaparecía el amor, hasta que conoció a Elsa, la hermosa joven de quien se enamoró y con quien se casó algunos años después.

Para comprar materiales de dibujo hacía retratos a crayón de héroes, historietas y personajes políticos que vendía en las calles y con sus compañeros. Cuando terminó la educación secundaria montó su primera exposición de dibujos al pastel, la cual terminaba con un dibujo de una bomba atómica.